Henry Spencer Miércoles, 14 enero 2015

Mis cajoncitos

Captura de pantalla 2015-01-14 a la(s) 21.01.07

El otro día unos amigos me convencieron.

He contratado a Becky para que me ayude a ordenar una serie de objetos que tengo guardados, por años, en el depósito de mi casa.

Bajamos juntos al sótano de mi edificio, donde cada departamento tiene su propio cuarto de depósito, y abrimos juntos la puerta (ella me ayuda porque son candados pequeñitos con llavecitas minúsculas y mi motrocidad fina es mala, según indicación de mi libreta del Nido Little Villa)

Al fondo del depósito encontramos un armario, lleno de cajones, que usaba de niño.

Tiene varios cajones grandes y en cada uno de ellos he ido atesorando, desordenada pero ordenadamente, pequeñas notas, recuerdos, objetos, casetes, cintas de video que formaron parte de mí en diversas épocas de mi vida.

Me quedo mirando el armario y, sobre todo, el primer cajón.

Becky no me dice nada, no me presiona.

La miro y le pregunto si debería abrirlo ya de una vez y ella me responde con otra pregunta: “¿quieres abrirlo?” (así es Becky. Casi nunca me dice qué hacer, y aunque yo la trato, a veces, como una amiga -como trato, en realidad, a todo el mundo- sus respuestas cortas me hacen recordar que ella está aquí, junto a mí en el depósito, solo para ayudarme a reorganizar todos estos objetos y, quién sabe, convertirlos en un ordenado y bonito archivo personal.

En el primer cajón encontramos cintas de video Betamax (el formato anterior al VHS) y rápidamente subimos a mi casa para descubrir qué hay en las cintas de video y ver la posibilidad de rotularlas).

Pongo play e inmediatamente vemos imágenes de mi cumpleaños número 7 y presenciamos a un LC animadísimo, juguetón, saltarín, reilón.

No me recordaba así.

(Es raro, pero bonito, recurrir a un documento visual para recordar cómo eras y alegrarte porque encuentras una versión tuya que te gusta mucho).

(Becky ya sacó de su maletín etiquetas blancas y un plumón de punta fina negra para empezar a rotular las cintas).

Esa noche me despierto de madrugada y empiezo a recordar, como en flashbacks continuos, velocísimos, que revientan como aire de ventana abierta de auto en mi rostro, una serie de anécdotas sobre mi niñez.

Quiero contárselo a Becky, no sé por qué, pero recuerdo rápido que no somos amigos, que ella está aquí solo para ayudarme a reorganizar todos estos objetos y que, si le hablara a esta hora, causaría una mala impresión, y no quiero eso.

Pero no me aguanto y la busco en WhatsApp y la encuentro y, caracho, está en línea.

Escribo algunas palabras de advertencia (“sé que no somos amigos y que esta hora es totalmente inapropiada, pero…”) y le cuento.

“Es normal, LC. No tengas miedo de abrir tus cajoncitos. Más bien, descansa. Mañana estoy 8 am para continuar ordenando. Por cierto, he comprado un spray anti ácaros que evitará tu alergia”.

Y ahora, bueno, estoy aquí detrás de esto.

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