Henry Spencer Lunes, 27 julio 2015

Un auto adoptado hermano menor

Era diciembre del 2007 y yo estaba muy triste compartiendo una o varias cervezas con Renato en el Bar Juanito. Necesitaba conversar con alguien o, más bien, necesitaba que alguien me escuche y me haga sentir un poco mejor y, no sé por qué, Renato fue el elegido.

No sé por qué, pero sí sé cómo: nos habíamos visto más temprano en Plus TV y conversado unos minutos antes de entrar al programa de Chema Salcedo donde se hablaría de “La revolución de los blogs”.

Fulanos

Fulanos y Menganos, noviembre 2007.

Renato aceptó encantado mi solicitud de una-chela-más-tarde, lo que me sorprendió mucho. Tal vez me vio muy triste o desesperado o necesitado de un amigo.

Lo conocí en la Universidad de Lima, donde fue mi siempre ausente jefe de práctica -justo le salió una beca para una maestría en Miami- al que, seguramente, le picó mucho la oreja durante ese ciclo por todos los reclamos y mini protestas que armamos por sus faltas, nosotros dignos estudiantes de Comunicación que, para empezar, ni siquiera estábamos muy interesados en algún curso (para ser absolutamente sinceros, ¿no?).

Ya en el Bar Juanito, yo era ese chibolo de 26 y él un hermano mayor de 31 que me escuchaba con una estima, paciencia y tranquilidad que ni siquiera merecía, porque no éramos realmente amigos. Nunca fuimos realmente amigos y, aunque me hubiese encantado, creo que yo di un poquito de mi parte para que no sucediera.

En pleno 2008 y cuando al menos en el mundo de los nerds tener tu blog era ser ya la cagadita, lo más cool de lo cool, con todas tus noches programadas en tu agenda perfumada, yo, y muchos -a los que no tiraré dedo aquí- lo trolleamos sin asco, por el simple hecho de ser exitoso.

Su blog “Busco novia” (hecho libro, ya) era la sensación del momento, y mientras nosotros blogueros cool nos teníamos a nosotros y nuestros blogs como plataformas, el señorito tenía, claro, a El Comercio, lo que para unos post adolescentes sobre emocionados y egocentristas era venderse al sistema, “comercializar” lo que era independiente por naturaleza, “porque lo tuyo, Renato, no es un blog: es una columna digital” y demás cojudeces.

Qué huevonazos.

luis carlos burneo36

Primera conversa en La Habitación. Septiembre 2007″ (Foto: Sebastián Castañeda)

Luego de eso, durante años, he seguido de lejos, pero siempre con una sonrisa de orgullo de auto adoptado hermano menor, la carrera de Renato: la radio, la tele y sus libros, que estoy seguro son lo que más le enorgullece. Pero me sigue jodiendo la distancia que uno a veces, por prejuicio, por egoísmo, por envidia, crea en torno a algunas personas.

Ahora yo lo entiendo, porque lo vivo día a día. Me trollea -injusta, innecesariamente, creo, pero la entiendo- gente con la que recuerdo haberla pasado bonito o haber conversado bien en algún momento, o inclusive haber tenido palabras muy emotivas hacia su trabajo o profesión. Es más fácil odiar al mundo que ver qué es lo qué pasa en nuestro interior.

“Han pasado ocho años de eso, pero lo bueno es que no hemos cambiado mucho”, me dijo Renato hace algunos días mientras nos reencontrábamos en mi casa grabando un episodio de #LaHabitacion007, él con 39 y yo con 33 años.

Mientras grabábamos la conversa yo no podía dejar de pensar “se va y nunca pudimos volver a tomar una chela. Qué mal”, que es una especie de metáfora -misia, claro- apenada por nunca llegar a ser amigos, o patas (aunque sea en “jueves de patas”), o conocidos o, ya, el broder con el que te tomas una cerveza de vez en cuando y la pasas pajita.

Pero igual me identifico un montón con él en el sentido de escribir: quiero escribir un montón, aun más, publicar, escribir más historias, acortar distancias en ellas, sumergirte en este mundo en el que, al igual que el cine, puedes hacer que las cosas que salieron mal salgan bien (o un poquito mejor, al menos). Un mundo donde puedes reencontrarte con personas que ya no te quieren ver, aunque te esfuerces harto. Un mundo donde puedes conocerte a ti mismo mucho más de lo que te conocerán, en conjunto, todas las personas que te son más cercanas.

En este mundo, claro, puedes volverte a tomar una o varias cervezas con quien quieras.

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