Henry Spencer Martes, 18 agosto 2015

10 cosas que todos amamos de los fumadores

1. SON SÚPER INOCENTES Y TIERNOS

Creen que todos aman el humo como ellos, porque rara vez (en serio, rara vez) tienen la mínima cortesía social de preguntar “¿Te molesta si fumo?” (que en una traducción sincera sería “¿Te jode si te hago tragar mi humo un ratito broder?”)

2. (TODAVÍA) CREEN QUE FUMAR ES COOL

Tampoco se han dado cuenta de que cada vez la gente se cuida más de lo que come, de lo que toma (¿se han dado cuenta que cada vez más personas andan con una botella de agua en lugar de gaseosa?) y claro, del cigarro. Por eso es tiernito (qué tiernito, tiernazo!) cuando ves a alguien -y si es pulpín peor- cogiendo orgullosamente su cigarro como James Dean.

3. CREEN QUE EL MUNDO ES UN GRAN CENICERO

Dejan sus colillas en cualquier lugar cercano a sus zapatos: la pista, la vereda, un jardincito cercano a su fumadera, macetas -aquí entra Carolina Cano a decir “Puta, qué asco!”– y en el colmo de la creatividad, en la puerta de su casa o departamento, como recuerdito pa la genti (historia real de mi vecina de al lado).

4. HAN DESARROLLADO UNA CAPACIDAD DISTINTA DE OLFATEO HUMANO

A diferencia de nosotros, ellos huelen menos o huelen distinto o alguna huevada similar. Es decir, si nosotros no nos bañamos un día ya podemos sentir ciertos olorcitos que son como un gran cartel mental que nos dice “Broder, báñate”, pero el fumador, esto es genial, se te puede acercar apestando a cigarro -pero apestando ah- y tú “¿Has fumado, no?”. “¿Fumado? No”. “¿Cómo que no, si apestas a cigarro?”. “Ah, bueno, sí. Pero hace raaato, ya. ¿Por qué? ¿Huele?”. No cuñao. Me lo estoy inventando.

5. TIENEN UN SENTIDO DISTINTO DE LA CORRIENTE DE AIRE

Cuando están en un espacio público donde, por ley, no se puede fumar (aunque algunos preguntan con voz tiernita “¿No se puede fumar, no?”) los fumadores salen del local, se paran en la puerta y prenden su cuestión…cuyo humo, inevitablemente, ingresa al local, ya que el aire corre de afuera para adentro chochera. Lo más paja es cuando te acercas y les reclamas amigablemente. “Pero si ya salí”, te responden con voz de pocos amigos.

6. CREEN, EN AUTOMÁTICO, QUE EL OTRO TAMBIÉN ES FUMADOR

Y se te acercan y te preguntan “¿Tienes un pucho?” o “¿Tienes encendedor?” (o su huachafísima versión de “¿Tienes fuego?”). No broder. Yo no consumo tu huevada.

7. HACEN TODA SERIE DE DIVERTIDOS SONIDOS AL ASPIRAR HUMO

A todos los niveles e intensidades, casero. Escoja usted. Y suena bieeen triste y parecido a una persona con dificultades para respirar, lo que, ¡oh sorpresa! es a la larga una de las consecuencias de fumar.

8. CREEN QUE EL MEJOR AROMATIZANTE PARA EL HOGAR ES EL OLOR A HUMO

Porque si no, no se entiende cómo, mientras algunos tenemos aromatizantes de sabores que podrían calificarse como agradables (no sé, fresa, vainilla, etc) los fumadores deciden que su casa debe oler a humo. “A la mierda, huevón. Toda tu jato apesta a humo”, “¿Sí? Nada que ver. No huele”. Ok.

9. CREEN QUE “NECESITAN UN PUCHO”

Y en cualquier momento random del día te lanzan esa frase: “Necesito fumar”. “No, no lo necesitas”. “Claro que sí. Necesito un pucho”. “No, tú crees que lo necesitas, cuando en realidad no”. “Sí, lo necesito para continuar mi día”. “¿En serio? ¿Y cómo todos los que no fumamos podemos continuar nuestro día?”.

10. BRODER… ¿HAS VISTO LA PARTE TRASERA DE LAS CAJETILLAS DE CIGARROS?

 

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