Henry Spencer Martes, 19 agosto 2014

Si tú también te morías por ir a “El Club de Ricky” tienes que ver esta entrevista

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Cada día me despierto con flojera de ir al colegio.

De pronto, pienso en los videoclips que grabé el día anterior de la tele y sonrío pensando que, en algunos horas, regresaré a casa para ver videos de Bon Jovi, Poison y Guns N´Roses que grabé del programa “Super Hits 1988”, que pasa canal 9.

Así paso mis días en el cole. Pensando qué cassettes escucharé en casa, si me queda suficiente cinta en blanco para grabar algunas canciones de la radio que me faltan y si podré convencer a papá que me compré, prontito, un nuevo cassette original en el Music Box que está en el Monterey del Óvalo Higuereta.

Alterno las tardes musicales con la tele.

Me gusta mucho ver “El Club de Ricky” en canal 4.

Soy fan, y le insisto a mi papá -que trabaja en una empresa que auspicia el programa- que me ayude a conocer a Ricky, a hablar con él, a ir al canal.

Por supuesto, insisto a papá por semanas: por las mañanas cuando me deja en el cole, por las tardes cuando llama a casa para ver cómo estamos mamá y yo, por las noches cuando me voy a dormir.

Le insisto un montón hasta que me aburro, o me olvido, que es casi lo mismo.

Me resigno a ver a Ricky solo por la tele.

Una tarde, mi papá llama a casa y cambia toda la historia.

-“Hijito, ¿cómo estás?”
-“Hola, pá”
-“Te llamo porque tengo una sorpresa para ti. He conseguido, por fin, entradas para “El Club de Ricky” para que vayas con tu mamá”.

Salto hasta el techo y agradezco por montones a papá.

Cuando estamos a punto de cortar la llamada, me dice.

-“Hijito, antes de cortar, quiero pasarte con un amigo”
-“¿Un amigo? ¿Quién?”
-“¿Aló? ¿Luis Carlos? Te saluda Ricky Tosso”

Hablo por algunos minutos con Ricky, sin poder creer que estoy hablando con él, y me cuenta que me está enviando con papá dos entradas para ir al programa.

A la semana siguiente, mamá y yo hacemos cola en la calle Montero Rosas en Santa Beatriz, orgullosos, con nuestras pases para “El Club de Ricky”.

Disfrutamos juntos el programa -quedo fascinado por el estudio, las cámaras, las luces, pero sobre todo por tener frentecito a mí a la persona que veo todos los días en televisión- y al final, todos los niños hacemos una desordenada cola frente al escritorio de Ricky para que nos firme autógrafos.

Somos como 100, y aunque mamá y yo hemos corrido rápido a formar la cola, no hemos agarrado sitio adelante, y luego de unos minutos Ricky se disculpa, con mucha pena, anunciando que tiene que irse, que por favor, lo comprendan.

Quiero presentarme, decirle mi nombre, contarle que me llamó a casa, pero mientras corro tras él, varias personas lo distraen, hablándole de una grabación que tienen que hacer en el estudio de al lado o algo así.

Me resigno.

Hubiera corrido antes, pienso.

Esa noche, en casa, viendo varios de los videoclips musicales que grabé el día anterior en mi Betamax, se me ocurre que quisiera ver a Ricky tan solo una vez más, para conversar con él, para agradecerle por llamarme a casa, para sentarnos y charlar unos minutos.

Eso. Solo quiero charlar con Ricky unos minutos.

Mira el episodio 012 de #LaHabitacion007 con Ricky Tosso: